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مقالات أكاديمية

مداخلات ندوة بيت الحكمة

تونس 13/ 18 مارس 2006 

                                       محاضرات ألقيت باللغة  العربية


 

Ibn Jaldún y los orientalistas

María J. Viguera Molins

Universidad Complutense

El “orientalismo” en acción

  Se trata, ahora, de evocar la actividad de los estudiosos, que desde sus medios académicos se acercaron a Ibn Jaldún, lo editaron, tradujeron, comentaron, analizaron.... La cuestión resulta especialmente interesante, a partir de las relevantes y en general polémicas exploraciones que, desde los años finales del siglo XX, se han realizado sobre los procedimientos y estrategias del orientalismo, según, y sobre todo, podemos encontrar en obras, bien conocidas, de J. Waardenburg, de M. Rodinson, de H. Djäit...y de E. Said, cuyo candente e imprescindible libro Orientalism, publicado por primera vez en 1978, fue traducido al español por M.L. Fuentes, dentro de la colección “Ensayo Ibn Jaldún”, denominación que ahora recordamos por dar, desde el principio, una pista más sobre la visión prestigiosa que desde los medios académicos del orientalismo y sus aledaños se difunde acerca del gran historiador magrebí-andalusí del siglo XIV, convertido en neta alusión intelectual; el director de esa colección es J. Goytisolo, que así destacaba también a Ibn Jaldún.

  Como todo el mundo sabe, el libro de Said desvela algunos rasgos y claves del orientalismo francés e inglés especialmente, desde el siglo XIX, y luego del norteamericano, desde la segunda mitad del  XX, considerados como prototipos de un ejercicio orientalista que es a la par “una realidad cultural y política”, y que resulta “un filtro aceptado que Oriente atraviesa para penetrar en la conciencia occidental”, siendo que Oriente es para Occidente “su contrincante cultural y una de sus imágenes más profundas y repetidas de lo Otro. Además, Oriente ha servido para que Europa (u Occidente) se defina en contraposición a su imagen, su idea, su personalidad y su experiencia”. Cuestiones que también bordó J.P. Charnay, Les Contre-Orients ou comment penser l’autre selon soi.

    Estas facetas del discurso orientalista (que, como todo “texto” depende de su “contexto”, en este caso: de la historia y de las estrategias de Occidente sobre Oriente, a cuyo análisis volvió en 1993 el mismo Said en Culture and Imperialism), resulta ya evidente en el primer arabista que se ocupó con bastante amplitud y hondura de Ibn Jaldún: el francés Silvestre de Sacy (1757-1845) que empezó por lanzarse a los propios escritos jalduníes, editando y traduciendo pasajes en sus “Extraits des Prolégomènes d’Ebn Khaldoun”, y dedicándole una importante entrada (“Ibn Khaldoun”) en la magna serie de la Biographie  universelle. Said dedica a De Sacy uno de sus más extensos exámenes sobre un orientalista concreto y le reprocha, con dialéctica brillantísima pero, según creo, en esta ocasión de forma demasiado genérica, su dedicación a las antologías, que “encubrían la censura que los orientalistas ejercían sobre Oriente”, aunque apunta que los fragmentos exhumados por De Sacy, dieron el material a construcciones históricas como la de Caussin de Perceval, Essai sur l’histoire des arabes..., y entre otros los textos de Ibn Jaldún “en los que Caussin confiaba mucho”.

 

¿Fue Ibn Jaldún descubierto por el orientalismo?

  El recién destacado De Sacy no fue, sin embargo, el primer europeo que mencionó a Ibn Jaldún, pues éste aparecía ya en una serie de “enciclopedias”, al menos desde la Bibliothèque Orientale de B. d’Herbelot, y sobre todo en otras de principios del siglo XIX, como la Encyclopedische Übersicht der Wissenschaften des Orients de J. von Hammer, el Dizionario storico degli autori arabi piu celebri de G.B. de Rossi, y otros productos del inicial enciclopedismo decimonónico en su vertiente orientalista.

  Pero más aún,        así establecida con total razón la fama intelectual del gran Ibn Jaldún, el orientalismo desde el XIX está jalonado por acciones erudito-admirativas sobre él, como las que, y entre otras más esporádicas, se hallan en publicaciones con referencias esenciales de Garcin de Tassy (1824), C. de Montbret (1824), F.E. Schulz (1825 y 1828), J. G. de Hemsoe (1832), G. Flügel (1838), el Barón De Slane (desde 1844), G. di Asti Arri (1840), N. des Vergers (1841), J. Tornberg (1844), el citado Caussin de Perceval, M. Amari (1857), R. Dozy (1869), E. Mercier (1875), A. von Kremer (1879), F. Pons Boigues (1898)... en una labor considerable de localización de manuscritos, de traducción, de edición, de aprovechamiento arabista de sus datos... entre todo lo cual caben destacar traducciones de la magna “Historia Universal” o “Libro de las experiencias” (Kitab al-´ibar) de Ibn Jaldún, con su preliminar de los “Prolegómenos”, con su final de la “Autobiografía” y partes históricas de su Histoire des berbères et des dynasties musulmans de l’Afrique septentrionale, todo ello traducido y/o editado por De Slane, con ediciones (de los “Prolegómenos” por Quatremère) y traducciones, totales o parciales, mientras se acumulaba la bibliografía, intensificada desde la segunda mitad del siglo XX... de lo cual, siendo tanto, existen incluso recuentos bibliográficos, mencionados por A. al-Azmeh, en su  básico libro Ibn Khaldun  in Modern Scholarship. A study in Orientalism, y por F. Estapé, en su preciosa aportación Ibn Jaldún o el precursor .

  Las cantidades de bibliografía orientalista sobre Ibn Jaldún son impresionantes, y también la intensidad admirativa por su contribución, de modo muy especial por los en verdad geniales “Prolegómenos” (al-Muqaddima). Puede decirse que el orientalismo descubrió a Ibn Jaldún como pensador excepcional, y lo cultivó y sigue cultivándolo con delectación, aunque este hallazgo occidental europeo fue en realidad un redescubrimiento, ya que el primer encuentro con el gran historiador  se produjo dentro de su misma cultura araboislámica, como no podía ser de otra manera, donde fue enjuiciado y admirado por contemporáneos y discípulos próximos como Ibn ´Ammar, Ibn Hayar y al-Maqrizi que de los "Prolegómenos" dijo que eran "la flor y nata del saber", donde los manuscritos de sus obras eran difundidos con todo aprecio y adquiridos con especial afán, como ocurrió en la biblioteca palatina sa´dí del Magreb, y fue consultado y mencionado por escritores del siglo XV de la talla de al-Qalqasandi y al-Sajawi, del XV-XVI como al-Suyuti, del XVII como al-Tunbukti, o al-Maqqari, que dedicó un comentario a la obra jalduní; por citar sólo algunos ejemplos, además del seguimiento y copia que el alfaquí Ibn al-Azraq (Málaga, 1428-Jerusalén, 1491) realizó de los “Prolegómenos” en su libro Bada’i´al-silk. También dentro de la cultura islámica, destaca el plurifacético interés de los estudiosos turcos por Ibn Jaldún, cuyos "Prolegómenos" empezaron a traducirse al turco desde 1674, versión completada por M. Sahib y A. Jevder, como también varias partes históricas de la "Historia Universal" fueron traducidas por S. Basha. Atención descollante, pues, dentro de la cultura árabe y en general islámica, sobre Ibn Jaldún que llega hasta nuestros días.

  Es decir, que la atención admirativa sobre Ibn Jaldún comienza desde su misma época, dentro de su propia esfera cultural, y llega hasta la cultura mundial a través de la actividad, condicionada pero básica del orientalismo, de modo que el genial historiador accede a la lista  gloriosa de los hombres geniales que han sido los ‘precursores’, próximos o lejanos, del moderno edificio de las ‘ciencias humanas’. Y, finalmente, respondiendo como un eco al discurso occidental, poco a poco se desarrolla y eleva, ampliándose siempre, un discurso araboislámico sobre Ibn Jaldún, febrilmente reapropiado”: ¡qué bien lo caracteriza A. Cheddadi!, de quien procede este párrafo, tomado de su presentación a su traducción de la "Autobiografía"; en él, y entre otros síntomas que durante el siglo XX han ido ocurriendo en torno a Ibn Jaldún, viene a indicar su salto incuestionable a la universalidad, acerca de lo cual añadiremos algo a continuación.

 

 

La fama ultra-orientalista de Ibn Jaldún

  La fama de Ibn Jaldún es plurifacética, encomiado como historiador completo, filósofo novedoso, precursor de la Sociología, patriarca de la Antropología, referente de economistas, puntal de avanzadas ideas, modelo intelectual. Es uno de los privilegiados por un prestigio que supera los límites de los especialistas, en este caso del mero orientalismo, para convocar la atención de otros círculos académicos... e incluso de intelectuales y de lectores en general.

  En este sentido, es lógico y valioso que una gama amplia de estudiosos, más allá del orientalismo, se hayan acercado a Ibn Jaldún y destaquen sus aportaciones, así por ejemplo W. Gates tratando del clima y la cultura , J. Sprenger y A. Toynbee en sus grandes y respectivas síntesis histórico-culturales, F. Oppenheimer o E. Gellner en sus análisis sociológicos...  y ni siquiera la biología ha dejado de fijarse en Ibn Jaldún, como muestra algún estudio de J. Lauer. Repasar todo esto podría ocupar centenares de páginas, y por tanto resumiré, sólo en dos direcciones: el acercamiento a Ibn Jaldún de tres eximios intelectuales españoles y las aproximaciones desde la economía.

  En efecto, es muy revelador que tres intelectuales españoles de la categoría de José Ortega y Gasset,  Julio Caro Baroja y Julián Marías dedicaran, en pleno siglo XX, una llamativa atención a Ibn Jaldún: Marías, en 1961, muy en la línea de su maestro Ortega, apostilló la brillante teoría jalduní de los ciclos generacionales que producen cambios decisivos en el proceso histórico, en un denso artículo sobre “Las generaciones en Abenjaldún”; Caro Baroja abordó desde la mirada jalduní varios aspectos antropológicos en una serie de estudios que acabaron reproducidos en sus Estudios Mogrebíes, tratando de “Aben Jaldún y la ciudad musulmana”, “El Poder Real según Ibn Jaldún”, “Aben Jaldún y el gran círculo cultural islámico” y “Las instituciones fundamentales de los nómadas, según Aben Jaldún”; y Ortega y Gasset, en "Abenjaldun nos revela el secreto"  ofreció su vivaz experiencia sobre Ibn Jaldún, que siempre me ha deslumbrado: “Abenjaldún es una mente clara, toda luz....”.

Pero ya anunciamos algo más, y es la utilización de las teorías jalduníes por parte de los analistas e historiadores de la economía, con unas contribuciones mundiales de gran amplitud que Estapé, desde su propia especialización, repasa y valora de forma magistral en su citado discurso de ingreso en la Real Academia de Buenas Letras de Barcelona (Ibn Jaldún o el precursor), ofreciendo incluso el no tan pasmoso relato de cómo Ronald Reagan citó teorías de Ibn Jaldún “para justificar su política presupuestaria”... pero esto forma parte de otra constatación que me asaltó cuando en 1977 participé en el Congreso de Argel sobre Ibn Jaldún: era evidente c’omo las más variadas ideologías se le aferraban, tiraban de él a su favor.

Ibn Jaldún ha superado todas las reclusiones que hasta ahora le han acontecido, entre ellas la de aquel “horizonte cerrado del orientalismo” según dice el título expresivo de S. Himmich (al-Istisraq fi ufuq insidadi-hi, Rabat, 1991); y superará otras más, como legado de toda la Humanidad.

 

 

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